Liturgia 10 de Enero

PRIMERA LECTURA 
Tres vienen a ser los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre.
De la Primera carta de san Juan 5, 5-13

Queridos míos: Al mundo no lo vence sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. La venida de Jesucristo quedó señalada con agua y con sangre; no solo con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu es quien da testimonio de ello, porque el Espíritu es la verdad. Tres vienen a ser los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio de los hombres, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio en favor de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene ya este testimonio en la conciencia. El que no cree a Dios, lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio dado por Dios en favor de su Hijo. El testimonio se refiere a esto: que Dios nos ha dado vida eterna, y nos la ha dado en su Hijo. El que acepta al Hijo tiene la vida, el que no acepta al Hijo de Dios no tiene la vida. Les he escrito estas cosas a los que confiesan el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 147
R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

• Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.
• Ha puesto paz en tus fronteas, te sacia con flor de harina; Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz. R/.
• Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

EVANGELIO
Acudían a escucharlo y a que los curara.
Del Evangelio según san Lucas 5, 12-16

Estando Jesús en una población, apareció un leproso, que al verlo se postró ante Él y le rogó: “Señor, si quieres, me puedes dejar limpio”. Jesús extendió la mano y lo tocó diciéndole: “Sí, quiero que quedes limpio”. Y en seguida se le quitó la lepra. Jesús le ordenó que no se lo dijera a nadie sino que fuera a presentarse ante el sacerdote y ofreciera, por esa purificación, lo que ordenó Moisés, de manera que constara ante los sacerdotes. Pero se hablaba de Él cada vez más, y mucha gente acudía a escucharlo y a que los curara de sus enfermedades.

 Palabra del Señor.

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