Liturgia 10 de Noviembre

PRIMERA LECTURA 
El rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Del Segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14

Durante la persecución desatada por el rey Antíoco contra los judíos, pusieron presos a siete hermanos junto con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y correas para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Uno de ellos habló en nombre de todos y dijo: “¿Qué pretendes averiguar o saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que desobedecer las leyes patrias”. Torturaron, pues, al primer hermano, y luego torturaron al segundo. Y cuando ya exhalaba el último suspiro, dijo: “Tú, criminal, nos quitas la vida presente, pero el Rey del mundo nos resucitará y nos dará una vida eterna a nosotros que morimos por sus leyes”. En seguida torturaron al tercero. Y al pedírsele que sacara la lengua para cortársela, la sacó inmediatamente, extendió sin miedo los brazos y dijo con toda valentía: “De Dios recibí estos miembros, pero por sus leyes los desprecio y de Él espero recobrarlos”. Hasta el mismo rey y los que lo acompañaban se asombraron al ver el ánimo del joven y cómo despreciaba los tormentos. Después de morir el tercero, sometieron también al cuarto hermano a la tortura. Y cuando estaba para morir dijo: “Aceptamos morir a manos de los hombres, porque nos anima la esperanza de que Dios cumplirá sus promesas y nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para vivir de nuevo”.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 16
R/. Al despertar de entre los muertos me saciaré, Señor, de tu semblante.

• Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/.
• Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. R/.
• A la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.

EVANGELIO
“No es un Dios de muertos sino de vivos”.
Del Evangelio según san Lucas 20, 27-38

Cuando Jesús estaba ya en Jerusalén, se le acercaron unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le presentaron el siguiente caso: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin dejar hijos, el hermano del difunto debe casarse con la viuda para procurar descendencia a su hermano. Pues resulta que había siete hermanos. El primero se casó, pero se murió sin dejar hijos. Entonces el segundo y luego el tercero se casaron con la viuda, y así sucesivamente todos los siete, pero murieron sin dejar hijos. Finalmente se murió también la mujer. Esa mujer, suponiendo que haya resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa? Porque los siete estuvieron casados con ella”. Jesús les respondió: “En este mundo se casan hombres y mujeres, pero aquellos a quienes Dios concede la gracia de llegar a la vida futura y a la resurrección, no se casan. Pero es que tampoco pueden ya morir, porque son iguales a los ángeles e hijos de Dios, gracias a la resurrección. Ahora bien, que los muertos resuciten, ya lo indicó Moisés en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor ‘el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’. Él no es un Dios de muertos sino de vivos, porque para Dios todos ellos están vivos”.

 Palabra del Señor.

Open chat
1
Paz y Bien. ¿Podemos ayudarte?.