Liturgia 20 de Febrero

PRIMERA LECTURA
De la Carta de Santiago 2, 1-9

Hermanos míos, no junten la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Ven al bien vestido y le dicen: “Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado”. Al pobre, en cambio: “Quédate ahí de pie o siéntate en el suelo”. Si hacen eso, ¿no son inconsecuentes y juzgan con criterios malos?

Queridos hermanos, escuchen: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman? Ustedes, en cambio, han afrentado al pobre. Y, sin embargo, ¿no son los ricos los que los tratan con despotismo y los que los arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que denigran ese nombre tan hermoso que les impusieron? ¿Cumplen la ley soberana que enuncia la Escritura: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo?” Perfectamente. Pero, si muestran favoritismos, cometen un pecado y la ley prueba su delito.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 33
R/. Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha.

• Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
• Proclamen conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R/.
• Contémplenlo, y quedarán radiantes, su rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

EVANGELIO
Del Evangelio según san Marcos 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Ellos le contestaron: “Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad.

Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.

Palabra del Señor.

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