Liturgia 8 de Diciembre

PRIMERA LECTURA 
Defenderá los derechos de los pobres.
Del libro del profeta Isaías 11, 1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago saldrá de sus raíces. Y sobre Él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de prudencia y valentía, espíritu de conocimiento y temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni dictará sentencia basado en rumores. Hará justicia a los débiles y defenderá los derechos de los pobres. Castigará con la férula de sus palabras y ordenará la muerte del culpable. Se ceñirá siempre a la justicia, sus juicios los ajustará siempre a la verdad. Así podrán vivir en paz el lobo y el cordero, y echarse juntos el tigre y el cabrito. El ternero crecerá junto al león, y se dejarán guiar por un niñito. La vaca y la osa serán amigas, y descansarán juntas sus crías. El león comerá pasto, como lo hace el ganado. El niño jugará en el escondrijo de la cobra, la criatura podrá llevar la mano al nido de la víbora. En todo mi monte santo ya no habrá viciosos ni perversos, porque abundará en el país el conocimiento del Señor, como abunda el agua en el mar. Aquel día, la descendencia de Jesé será la bandera desplegada a que miren los pueblos; la buscarán los gentiles, y será gloriosa su heredad.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 71
R/. Que en nuestros días florezcan la paz y la justicia.

• Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R/.
• Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna. Que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R/.
• Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; Él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R/.
• Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra. R/.

EVANGELIO
Vuelvan a Dios, porque ya llega su reinado.
Del Evangelio según san Mateo 3, 1-12

Por aquel tiempo se presentó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Decía: “Vuelvan a Dios, porque ya llega su reinado”. En efecto, a Juan se refería el profeta Isaías al decir: “Una voz grita en el desierto: ¡Preparen el camino del Señor! ¡Ábranle vías rectas!”. La capa de Juan estaba hecha de pelo de camello y de la cintura para abajo llevaba una prenda de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Entonces empezó a acudir a él gente de Jerusalén y de toda Judea y de las regiones vecinas al río Jordán; confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Al ver, pues, que muchos fariseos y saduceos iban a recibir el bautismo, les dijo: “Camada de víboras, ¿quién dijo que iban a escapar del castigo que está para llegar? Muestren con las obras que su conversión es sincera. No piensen que basta con decir que tienen por padre a Abrahán. Porque yo les aseguro que Dios puede hacer que nazcan hijos de Abrahán hasta de estas piedras. Ya está tocando el hacha la cepa de los árboles. Todo árbol que no da buena cosecha se corta y se echa al fuego. Yo los bautizo con agua para que vuelvan a Dios. Pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo. Yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias. Él los va a bautizar con Espíritu Santo y fuego. Ya está listo para separar la paja del trigo; el grano lo recogerá en el granero, y la paja la quemará con fuego inextinguible”.

 Palabra del Señor.

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