Liturgia del 28 de abril

PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los Apóstoles 7, 51–8, 1a

Esteban, hablando a los miembros del sanedrín, les dijo: “¡Rebeldes, paganos de corazón, cerrados de oídos: ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, iguales en eso a sus padres! ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, y ustedes lo han traicionado y asesinado. Recibieron la Ley por mandato de ángeles y no la han guardado”. Al oír esto se llenaron de ira y rechinaban los dientes contra él. Y él, lleno del Espíritu Santo, levantando la vista al cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: “Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”. Ellos se taparon los oídos y empezaron a gritar; luego se abalanzaron a una contra él, lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Los que hacían de testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban pronunciaba esta invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Y doblando las rodillas exclamó con voz fuerte: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y con estas palabras expiró. Saulo estaba de acuerdo con su muerte.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 30
R/. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

• Señor, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve; tú que eres mi roca y mi baluarte, por tu nombre dirígeme y guíame. R/.
• En tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Yo confío en el Señor; tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.
• Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. En el asilo de tu presencia nos escondes de las conjuras humanas. R/.

EVANGELIO
Del Evangelio según san Juan 6, 30-35

Hablando con Jesús en Cafarnaún, le replicaron los judíos: “¿Y qué prueba nos das, para que al verla te creamos? ¿Qué obra nos muestras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: ‘Les dio a comer pan del cielo’”. Jesús les contestó: “Yo les aseguro: no fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre ese pan”. Jesús les respondió: “Yo soy el pan que da la vida: quien viene a mí no pasará hambre; quien cree en mí nunca tendrá sed”.

Palabra del Señor.

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