Liturgias 12 de noviembre

EL REINO DE DIOS ESTÁ ENTRE NOSOTROS
(Año II. Flm 7,20; Lc 12,7,20-25)

Introducción. La afectuosa y encantadora carta de San Pablo a Filemón casi nos hace olvidar que en los escritos del mismo Pablo no consta una rotunda condenación de la esclavitud tal como existía en su tiempo. Sin embargo ya declara los principios que gradualmente irán erradicando esa clase de esclavitud en la mayor parte del mundo. El amor y la fraternidad en Cristo no pueden tolerar la esclavitud; la libertad interior no permitirá esa esclavitud. — Y, sin embargo, hoy mucha gente no es libre: no puede alzarse en contra o escapar de las diversas esclavitudes de la vida moderna: esclavos de la máquina, de los métodos empresariales en los negocios, de la propaganda comercial, de las presiones sociales que les obligan a seguir a los Don Vicente (“¿A dónde va Vicente?”…), a las modas, a los sistemas políticos.
Evangelio: A los fariseos, y quizás también a los discípulos, que ansiosamente buscaban señales, Jesús les dice: El reino de Dios está entre ustedes, justo en medio de ustedes. Está ya presente en nuestras vidas. En otras palabras: Sean sabios y cuerdos, y comprométanse con el presente, para construir el reino de Dios ahora. Busquen la eternidad y la vida eterna en el presente, y el buen día de Dios llegará a su debido tiempo.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu reino no es un orden establecido y anquilosado,
sino algo que está siempre vivo, dinámico y siempre llegando.
Haznos conscientes de que encontraremos el reino
allí donde te dejemos reinar a ti,
donde nosotros y el reino de este mundo demos paso a tu reino,
donde dejemos que tu justicia, amor y paz
ocupen el lugar de nuestras torpezas y trompicones.
Señor, establece tu reino entre nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por la Iglesia, que todavía no es el reino, para que sea un signo visible del reino de Dios en la tierra por su apertura a todos, su espíritu de amor y de servicio, roguemos al Señor.
Para que todos los cristianos contribuyamos a hacer creíble el evangelio, gracias a nuestro compromiso por la justicia y el amor, roguemos al Señor.
Para que sepamos construir caminos de paz y servicio hacia los otros y que nos preparemos a nosotros mismos y también al mundo para acoger a Jesús y al reino de Dios, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Si dejamos que reines tú en nosotros
y no nuestro propio capricho y voluntad
ni la gente y las cosas en derredor nuestro,
reconoceríamos que hay una comunión santa de amor
entre ti y nosotros.
Ven y quédate con nosotros, en Cristo Jesús,
en esta eucaristía y en nuestra vida diaria;
y toma posesión de nosotros
para que sepamos gobernar y perdonar, santificar e iluminar,
y para que nos esforcemos
en ordenar todas las cosas para el bien de todos
y en renovarnos por tu fuerza y tu gracia.
Concédenos esto por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Padre amoroso, lleno de sabiduría:
En esta celebración eucarística
tú nos has dado de nuevo a Jesús, tu Hijo.
Por medio de su Espíritu de sabiduría
haznos totalmente conscientes
de que nuestra personalidad humana y toda nuestra existencia
y la gente y los acontecimiento en derredor nuestro
son la forma cómo nos llamas
y cómo debemos responder a tu llamado.
Desarrolla tu reino entre nosotros
por medio de Aquél que está en medio de nosotros,
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El reino de Dios está entre nosotros. Está aquí, realmente, si hemos aceptado a Cristo y le hemos dejado que ilumine nuestras vidas; él está también en realidades que no son directamente mensurables: justicia, perdón, amor, paz, bondad.
Que Dios todopoderoso nos ayude a construir su reino sobre esas bases, con Cristo Señor nuestro y nos bendiga para esta misión, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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