Liturgias del 21 de agosto

PRIMERA LECTURA
De la profecía de Ezequiel 21, 1-14

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.
Me preguntó: “Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?”. Yo respondí: “Señor, tú lo sabes”.
Él me dijo: “Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: ‘¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre ustedes espíritu, y vivirán. Pondré sobre ustedes tendones, haré crecer sobre ustedes carne, extenderé sobre ustedes piel, les infundiré espíritu, y vivirán. Y sabrán que yo soy el Señor’”.
Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrepito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu. Entonces me dijo: “Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: ‘Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan’”.
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo: “Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: ‘Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados’. Por eso, profetiza y diles: “Así dice el Señor: Yo mismo abriré sus sepulcros, y los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío, y los traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra sus sepulcros y los saque de sus sepulcros, pueblo mío, sabrán que soy el Señor. Les infundiré mi espíritu, y vivirán; los colocaré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago’”. Oráculo del Señor

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 106
R/. Den gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
• Que lo confiesen los redimidos por el Señor, los que Él rescató de la mano del enemigo, los que reunió de todos los países: norte y sur, oriente y occidente. R/.
• Erraban por un desierto solitario, no encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban hambre y sed, se les iba agotando la vida. R/.
• Pero gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Los guio por un camino derecho, para que llegaran a ciudad habitada. R/.
• Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos, y a los hambrientos los colmó de bienes. R/.

EVANGELIO
Del Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”.
Él le dijo: “‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”.

Palabra del Señor.

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